Studio 54 |
![]() Pichi knows mental health...and isn't afraid to ask!
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema In the name of love. Esta tarde, mientras revisionaba los vídeos de aquellos días, me he dado cuenta que os echo tanto de menos que ni siquiera me lo había planteado antes. Al principio, he empezado mirándolos de forma mecánica, de esa forma indolente en la que uno hace las cosas cuando se aburre. Pero de repente, he comenzado a sonreir, algo que no suelo hacer muy a menudo cuando estoy sola. Vuestra risa, vuestras cosas, vuestra voz. Todo me transportaba a aquel lugar. Y parece que aún fue ayer cuando nos conocimos, cuando disfrutamos y sufrimos a partes iguales de aquella experiencia. Y recuerdo con estupor cómo cada mañana me despertaba repitiendo la misma frase ("odio este sitio"), pero ya sabéis lo gruñona que soy recién levantada. ¡Cuánto me arrepiento de no haber sabido saborear todo aquello segundo a segundo!.Y cuánto me gustaría que ahora supiérais lo poco de cierto que tenía aquello y lo mucho que echo de menos aquel trocito de vida que compartimos y que nunca olvidaré. Con cariño, L. Para I., N. y R. ¿Por qué a la gente le cuesta tanto sonreír?... A veces alguien me da los buenos días o las buenas tardes con una cara de perro que, la verdad, no sé si contestarles o salir corriendo. Por eso me gusta tanto despertarme al lado de S. y que siempre esté esperando ahí a que yo abra un ojo para darme los buenos días con una sonrisa. Y da igual que sean las 7 de la mañana, que lo primero que dice siempre es: "buenos días" y sonríe. Y es que valoro mucho ese gesto. Tanto, que ahora que no está, no puedo comer galletas Fontaneda Diver porque me sonríen y me da pena. Es que tienen esa cara tan riquina que me da no sé qué el hincarles el diente y dejarlas ahí con un solo ojo (y luego sin nada), a las pobres. Es que aparte de S., las Fontaneda Diver son las únicas que me sonríen. A veces en la vida se nos presenta una disyuntiva, un cruce de caminos en el que la elección de uno u otro puede ser crucial para los acontecimientos que se puedan desencadenar. Y a partir de ahí tienes que arreglártelas, así que la decisión no suele ser nada fácil. Esta tarde se me ha presentado una de esas disyuntivas cruciales; hacía dos años, quizás más, que no me encontraba con ninguna. Así que he tragado saliva y he decidido seguir adelante. Sí, creo que será lo mejor. Al fin y al cabo, lo positivo sigue ganando a lo negativo. Así que con la cabeza muy alta me trago mis motivos y sigo adelante. Felices vacaciones. Estos días, de repente y sin previo aviso me han salido patas de gallo en el ojo derecho. En principio no sería nada del otro mundo si no fuera porque se han plantado ahí sin avisar, sin ni siquiera un amago de arruguita, una raya o yo que sé, algo que me diese tiempo de reaccionar e irme corriendo a comprarme un contorno de ojos de Roc (promesas cumplidas) . Pero no, de repente tengo patas de gallo en un ojo (y no en los dos, que es lo más triste) y no sé cómo combatirlas. Y sí, ya sé que tengo treinta años y tal, y que es lo normal de la edad (digo yo), pero es que con ventinueve y medio juraría que no tenía arrugas de ningún tipo. ¿Será alguna señal?. He estado pensando que puede que sea porque de un tiempo a esta parte estoy siendo más feliz de lo habitual en mí (que era nada) y bueno, ya se sabe que estas arrugas las da la felicidad y esas tonterías que se cuentan. Pues no sé, puede que sea cierto, porque cuando era una persona depresiva, llorona y preocupada por todo lo que no tenía que preocuparme creo que no tenía nada de esto. Que sería una cosa más por la que preocuparme...pero no, no tenía patas de gallo. Y hace un rato estaba hablando contigo por teléfono y me miraba al espejo mientras observaba cómo me salían más patas de gallo a medida que me hacías más feliz. Y no me importó en absoluto. P.D. De todas formas mañana me voy de urgencia a la farmacia y que me den algo efectivo o nunca más volveré a sonreir....grrrrrr! El abuelo Angel nos solía contar un chiste que repetía a menudo (le fallaba un poco la memoria, al pobre): "Esto era un señor que todos los días iba al mismo bar, se sentaba en la misma mesa y miraba las esquelas en el diario. El dueño del bar le observaba hacer todos los días lo mismo, llegaba y leía todas las esquelas, una por una. De repente, un día, el dueño comenta extrañado: ’Hoy que sale en una esquela este hijoputa no viene a leer el periódico’’. Ayer, día de Navidad, al abuelo Angel le pasó lo mismo que al del chiste. Descanse en paz. |